miércoles 25 de febrero de 2009

Bienvenido


Vive en Villaverde Bajo.
Pesó 3 kilos cuarenta gramos.
Se llama Eduardo.
Y es el bebé más guapo del mundo.

domingo 15 de febrero de 2009

Querido Eduardo


Querido Eduardo,
¿Cómo estás? ¿Cómo va todo por ahí? Aquí, desde el otro lado de la barrera, todo bien. Deseando verte. Bueno, yo y todos.

Pero lo primero es lo primero, y lo primero es agradecerte que te estés tomando tu tiempo para venir. Debes tener un oído muy fino y haber pillado algo desde ahí dentro, para saber el follón que tenemos montado aquí, sobre todo con la abuela con la pierna escayolada. Sí, sí, estoy seguro de que a la abuela la conoces. Es esa voz que sin duda te habrá llegado desde fuera. La habrás reconocido porque te parecerá como si llegase desde dos sitios a la vez. Esto, evidentemente, tú sabes que no es posible, así que cuando salgas verás que es la misma persona, y que lo que pasa es que no para. Pero fíjate que ahora la abuela está temporalmente tranquila, sin mucho movimiento con su pie escayolado. Con un poco de suerte le quitan la escayola antes de que hagas tu aparición estelar, y esto es justo lo que quiere. Ella lo expresa a la perfección con un simple “es que si se adelanta y yo sigo así, sin poder hacer nada, esto se hunde”.

Además, estamos rematando algunos pequeños detalles de última hora; en este sentido te quería pedir si me podías guardar un secreto. Verás, resulta que vienes con unos juguetes debajo del brazo para tu hermano. Vas a ser como un pequeño rey mago. Ya lo irás viendo, pero la mente de la gente es supercompleja. Lo vas a flipar. Aquí fuera, la gente tiene unos síndromes súper raros, que si el síndrome de Diógenes, que si el de Estocolmo...pero a ti el que te puede afectar por un tema de acción-reacción es lo que se conoce como el síndrome del "príncipe destronado". Y es que un hermanito celoso te puede complicar la existencia. Y como en el fondo somos unos monárquicos, y no queremos destronar a nadie, que sepas que haremos como que tú le estás trayendo un camión y un superlego a tu hermano. No te preocupes. Ya los hemos comprado por tí. Sólo tienes que hacerte el loco y guardarnos el secreto. Tú míralo como una inversión. Así tu hermano te verá como ese bebé que le trajo juguetes cuando llegó. Siempre te verá como ese pequeño benefactor. Y esto te hará mucho bien. Él es tan pequeñito que no se dará cuenta, pero en el fondo ahí queda: es lo que se llama el poder del subconsciente.

Respecto a tu llegada hay algo que me quita el sueño. Algo con lo que no estoy tranquilo. Me preocupa que te cueste encontrarme al principio entre toda la familia, con todo el follón que habrá en la habitación del hospital. Y es que tanta gente, tanto regalo…te pueden aturdir. Sólo se me ocurre decirte que cuando veas a un joven apuesto, musculoso (sobre esto hay criterios), y por qué no decirlo, tremendamente atractivo, sabrás que has dado con tu tío. Claro que quizá con esta definición no me encuentres, no te cuadre, o incluso te sorprenda luego cuando me veas, pero querido sobrino, como dice el proverbio chino…”lo esencial es invisible a los ojos”.

Por mi parte nada más. Quedo a la espera. Tengo permanentemente encendido el móvil por si recibo esa llamada de tus papás a cualquier hora: la señal de que tengo que recoger a tu hermano y llevarlo con los abuelos para hacernos cargo de él, mientras tú, querido Eduardo, abres los ojos al mundo.

Nos vemos muy pronto. Un besito,
Tío Jaime

lunes 8 de diciembre de 2008

Nala


El perro es el mejor amigo del hombre. Eso dicen. Yo digo que depende. Depende del perro que te toque. Ahí está para probarlo el perro de mi tía. Mejor dicho la perra. Y esto lo digo sin acritud. Pero es que esta perra es de las que como se encariñe contigo la has cagado. Dos días en casa de mi tía han bastado para que nunca olvide a esa maraña de pelos blanca que parecía mi sombra.

Abre mi tía la puerta para recibirnos a mi padre y a mí, después de ese viaje de 6 horas en bus a Oviedo con parada en Villalpando,un pueblito de Palencia, que llega uno pensando cómo puede ser que se tarde casi menos en hacer un Madrid-Nueva York, y va y se me tira ese chucho encima. Con las patas para arriba como para que la acariciara. A mí. Te juro que algunos perros es que no tienen el sentido de la distancia, y esta perra es uno de ellos. Vaya por delante que yo no soy de perros. Siempre me han ido más los animales sosos: unos peces o unas tortugas. Esa clase de bichos que puedes tirar en un estanque público cuando se hacen grandes y salir pitando sin mirar atrás. Sin una voz interior que te diga "él nunca lo haría". Pero ahí estaba Nala, que así se llama la susodicha, lamiéndome la mano mientras me daba mordisquitos en ella para saludarme. Y oigo de lejos a mi tía (de lejos porque yo ya estaba como en trance), que me dice que es su manera de darme besos. Eso me hizo gracia. A mí también me gustaría lamer y dar mordisquitos a algunos cuando me los presentan y no lo hago. Y no será por falta de ganas (en algunos casos). Pero no lo hago, ¿por qué? Por respeto. Pero es lo que te digo, esta perra no respeta a nadie.

Dos días de puente con la perra. Que se dice pronto. Una perra que como se supone que es pequeña, no controla los esfínteres. Llevo el "eau de Nala" impregnado en mí. Tenía predilección por venir a mi habitación a dejarme regalito. Yo creo que como en el fondo no había buen rollo entre Nala y yo, lo que venía era a marcarme el territorio. Hacerme saber que yo estaba sólo de paso. A mí me da cosa por mi tía. Yo no sé cómo será cuando un niño pide pipí para un padre, pero cuando a Nala le de la real gana de hacer sus cosas en el parque como a todos los perros seguro que hacen fiesta en casa de mi tía.

Hubo un día que vomitó y todo. Como te lo cuento. Vomitó en el sofá del salón. El vómito lo limpiaron, claro. Pero yo tenía localizada la manchita. Al día siguiente estábamos viendo una serie en la tele, yo en un sillón lateral. Y va y me dice mi tía que me siente con ella, para ver mejor la serie. Ahí, en toda la manchita. Y yo "no tía, si veo la tele perfectamente desde aquí". Y mi abuela, que está fatal de las piernas pero que de todo lo demás me da mil vueltas, me delató, a lo Gestapo, y dijo, "es que a Jaime no le gusta el perro". Y yo "anda qué tontería". Así que con todo el dolor de mi corazón, sonriendo, me levanté y me senté. Al lado de mi tía. En la manchita. En ese momento yo no me la podía ver, pero seguro que tenía la vena del cuello como se le pone a veces a María Patiño cuando interroga a un famoso. A punto de reventar...

lunes 1 de diciembre de 2008

Cerrando temas

Por cerrar el tema fístula: la ecografía fue reveladora, pues se trataba de una falsa alarma (no estaba embarazado). Así que por ahora no me tengo que operar. Pongo esta entrada tan cutre para aclararlo, porque aunque suene egocéntrico, sé que tengo mi público, siento su calor ahí, en el cogote, y sé que ese público incondicional no podría dormir tranquilo sin saber de mi culito.
P.D.: no estoy fumao, es que es noche de lunes, y no he dormido casi. Me voy a mimisito zzzzzzzz

sábado 15 de noviembre de 2008

La ecografía


Ahí que estuve con el doctor. En un cara a cara. Sólo eso ya fue un triunfo. Estaba solo. Me costó dejar a mi madre en casa. Ella quería venir conmigo para explicarle al doctor lo que me pasaba. Ella siempre quiere venir. Yo creo que mi madre piensa que tengo un gen de la mudez, que me impide hablar y expresarme. Cuando alguna vez he ido con mi madre al médico recientemente porque ella me haya acompañado, y el doctor me ha preguntado algo tan normal como ¿qué te pasa?, entonces ella ha tomado la palabra y.."pues verá doctor, que tiene como unas náuseas....". Te juro que en esas situaciones no sé dónde meterme. Estoy entre mirar a mi madre, así a los ojos, con el doctor delante, y decirle...mamá, ¿para qué me has dado unos estudios? O dejarme llevar, que es lo que acabo haciendo, y mirar al doctor como diciendo...no es mi culpa doctor,le juro doctor que yo tengo un chorro de voz que ni Plácido Domingo, pero son las circunstancias doctor...Alguna vez, cuando mi madre me ha acompañado al médico, he pensado en llevar una bolsa del mediamarkt, de esas que ponen "yo no soy tonto", para que a mi doctor le llegue un mensaje de esos subliminales, y al menos no piense que estoy de acuerdo con esta situación.

En cualquier caso, ahí estaba yo el jueves con mi médico, como decía, cara a cara. Me dice que me descubra y que le muestre el glúteo, lo que en castellano es hacer un calvo, y después de mirarme y palpar va y me dice que no aprecia nada. Pero ahí yo llevaba las consignas de mi madre: que me hiciera más pruebas. Un escáner o un TAC. Como veía que no me iba a mandar nada, ya le dije yo, mire doctor, que ha dicho mi ma...pero reculé. Casi caigo por la costumbre, pero no lo hice. En su lugar le comenté que me había dolido mucho y que a ver si me mandaba algo más para ver por qué me dolia. Y va y me manda una resonancia magnética. Y yo tan contento. No porque yo sepa de resonancias, sino porque mi madre habría visto que había conseguido salir de la consulta con mi prueba, y que puedo hablar yo solo. Y cuando le pregunto que para qué vale la resonancia, por culturilla general, el doctor se echa para atrás y en su lugar me manda una ecografía. Luego me enteré por mi amigo Fer (alias el mediquito), que de lo que se trata es que es más barata la ecografía. Manda webs. Pero yo ahí no lo sabia, y como la lorza (alias el michelín) la tengo muy interiorizada, pensé: ya está, que me quiere ver qué tengo ahí, una ecografía para ver si viene niño o niña. En ese sentido no me pareció mal del todo, yo también siempre he querido saber qué tengo ahí. Saber por qué, por más ejercicio que haga, nunca me quito la lorza. Pero para entonces el doctor ya me había sacado de mi error, y me había dicho que con la ecografía se va a ver si hay algo más en el coxis, y que si no se ve claro ya me hacen la resonancia.

Te juro que este mundo de médicos a veces se me escapa....

martes 11 de noviembre de 2008

Crisis


Últimamente no gano para disgustos. Todo son malas noticias. Ahora que da la impresión de que esta crisis se nos va de las manos y de que no nos vamos a hacer ricos trabajando, va y se me junta con mi crisis de los 34 años, y caigo en la cuenta de que hasta ahora había vivido en un mundo de color y fantasía (no hablo sólo de la semana del orgullo). Momentos duros ya había tenido, claro. Y además de forma periódica. ¿Quién no? La vida son círculos, como una pescadilla que se muerde la cola: el amor, el desamor, el sexo y su sustituto en forma de amor propio. Este último está bien, de hecho llevo 34 años queriéndome mucho, pero no es lo mismo... Y esas cajas. Esas cajas para recordarte que Banner y Flappy tenían más sexo que tú. Odio tirar las cajas. Siempre me he preguntado por qué no hacen los preservativos con más fecha de caducidad. Aunque sólo sea por misericordia. No lo entiendo. Dicen qué los gays somos muy promiscuos. Esto me recuerda al libro "quién se ha llevado mi queso", que seguro que leyeron todos los yuppies de Wall Street que nos metieron en esta maldita crisis. Pero yo voy a lo que me atañe...y en este sentido me pregunto yo en relación a las cajitas... ¿quién se ha estado llevando mi trozo del pastel? ¿A quién no le caduca ni una caja? Pero si únicamente fuera el sexo... Pero no. Es que además la realeza no me quiere. Esa amiga a la que yo ya veía como a una igual, a la que creía una auténtica tocaya, a la que...en definitiva, miraba ya de "reina" a Reina, va y no me quiere. Dime Sofía, ¿por qué te pronuncias ahora, justo en mitad de esta crisis por la que estoy pasando?
Y lo último en llegar, y que constituye la cuadratura del círculo de esta crisis. De esta tormenta perfecta que se me ha formado. La putada que me está pasando y que da sentido a este blog, porque hace que las entradas acaben teniendo relación entre sí (véase entrada "mes y medio en blanco"), y que me hace ver que todo es susceptible de empeorar... Esa putada se llama fístula. Te digo una cosa: nunca, jamás, des por vencida a una fístula. Creo que la muy hija de puta ha vuelto. El jueves voy al hospital. A ver qué me dicen.

viernes 19 de septiembre de 2008

1.976-1.998


Esta semana he leído una noticia que me ha dejado de piedra. Dentro de unos días hará diez años del asesinato de un chico gay en Estados Unidos. El 12 de Octubre de 1998, el chaval de la foto estaba en un bar gay de Wyoming, cuando 2 chicos se lo llevaron mediante engaños a un descampado, donde tras ser salvajemente torturado, fue abandonado. Estuvo 18 horas solo, bajo gélidas temperaturas. Finalmente, fue encontrado gravemente herido y, tras varios días en el hospital, falleció.
El asesinato fue un revulsivo entonces, porque la muerte de Matthew Sheppard abrió un debate sobre la legislación contra los crímenes por prejuicios en Estados Unidos. Al leer la noticia, me he dado cuenta de que ni remotamente me acordaba de este suceso. Echando la vista atrás, en 1998 yo estaba acabando la carrera y ni siquiera era consciente de muchas cosas. Sabía que había gays, pero no pensaba que yo fuera uno. Sólo pensaba en el examen del día siguiente. Tan enfrascado estaba en los estudios… Las cosas han cambiado, la vida pasa. En 1998 yo tenía 24 años. Este chico sólo 21.Yo desde entonces he vivido muchas cosas, sobre todo de descubrimiento personal, sobre quién era yo realmente aparte de lo que se esperaba de mí. Y con todo ello han venido amores, algún que otro desengaño, y buenos amigos…. Pero no puedo evitar compararme con este chico que fue noticia en el mundo va a hacer ahora diez años. He leído cómo su madre relata que cuando le recogieron medio congelado, tenía toda la cara llena de sangre, a excepción de unos surcos que partían de los ojos, que era por dónde habían corrido las lágrimas. Miro su foto. Me parece muy guapo. Está mirando así como de lado, sonriendo a algo o a alguien. Como se sonríe a los 21 años. Ahora miro la foto del descampado. La valla a la que fue atado y abandonado a la intemperie. Pienso en cómo debieron ser esas 18 horas solo. Y no puedo ni imaginármelo. No quiero.